BUSCAR en este Blog

viernes, 12 de mayo de 2017

La Fabricación de la Muerte de Hitler (2)



     Ofrecemos aquí la traducción de la segunda parte y final del ensayo Fabricating the Death of Adolf Hitler del investigador australiano Giordan Smith, que se encuentra en el sitio nexusmagazine.com publicado en tres partes (Oct. 2007 a Feb. 2008), cuyas presentaciones dicen, primero, que lo poco que creemos saber acerca de las circunstancias de la muerte de Hitler nos ha llegado por cortesía del agente británico del MI6 Hugh Trevor-Roper, habiendo muchas razones para no creer en la patraña del búnker (bunker bunk); segundo, que al identificar ciertos fragmentos maxilares y un puente dental como pertenecientes respectivamente a Adolf Hitler y a Eva Braun, los dentistas alemanes habrían estado perpetrando un fraude para engañar a Stalin; y, en tercer lugar, que la historia del suicidio de Hitler fue usada por los británicos como un arma de guerra psicológica para desacreditar al Nacionalsocialismo y sofocar la voluntad del pueblo alemán de resistir la ocupación extranjera.


LA FABRICACIÓN DE LA MUERTE
DE ADOLF HITLER (2 de 2)
por Giordan Smith, 2007



Engaño de los Rayos X

     En la ya mencionada discusión de las cuestiones forenses acerca de los dientes de Eva Hitler se hizo obvio que la evidencia ofrecida por Käthe Heusermann era problemática, por decir lo menos. Ella dijo a los soviéticos y al doctor Fedor Bruck que el puente que le fue mostrado había sido hecho recientemente, y sin embargo aquél se parecía más estrechamente al puente que ella afirmó haber ayudado al profesor Hugo Blaschke a insertar en el verano de 1944 que al puente de 1945. En vista de las cuestiones surgidas en relación a los dientes de Eva que debilitan su credibilidad, es importante preguntar si Heusermann era realmente competente para evaluar la evidencia acerca de los dientes del supuesto cadáver de Hitler descubierto el 5 de Mayo.

     Hacia el 10 de Mayo habían sido removidos los maxilares del cadáver de "Hitler" y colocados, si podemos creerlo, en una caja de puros y mostrados a Heusermann. Para nuestros objetivos carece de importancia si la caja de puros le fue llevada a Heusermann, como afirmó la intérprete de reconocimiento militar soviético Elena Rzhevskaya [29], o si Heusermann fue llevada a la oficina central de la SMERSH para identificarlos allí, que es lo que el doctor Bruck en su memoria de 1948 indicó que sucedió [30]. Lo que es importante es que en el registro de su interrogatorio del 19 de Mayo, Heusermann declaró, como quedó establecido antes, que ella había reconocido señales de taladradora dejadas por el profesor Blaschke en el cuarto diente de la mandíbula superior izquierda de Hitler cuando él extrajo dos dientes adyacentes (Hitler's Death, pp. 97-99).

[29] Elena Moiseevna Rzhevskaya, nacida como Elena Kagan, agente e intérprete judía rusa de la agencia de contra-Inteligencia soviética SMERSH, formó parte del reducido grupo de soviéticos que trabajó en la identificación de los presuntos restos de Hitler.
http://www.guardian.co.uk/Observer/international/story/0,6903,1479109,00.html
[30] Kay Lutze (nieta de Bruck), "Von Liegnitz nach New York: Die Lebensgeschichte des jüdischen Zahnarztes Fedor Bruck (1895–1982)", Zahnaertzliche Mitteilungen, Mayo de 2006.
http://www.zm-online.de/hefte/Von-Liegnitz-nach-New-York_23700.html#1

     El problema es, más bien, que todas las afirmaciones de Heusermann de haber trabajado en los dientes de Hitler —afirmaciones que son reiteradas en varias ocasiones en La Muerte de Hitler— parecen ser falsas. A principios de 1948, mientras todavía estaba en cautiverio bajo los estadounidenses, el profesor Blaschke dio una entrevista en la cual declaró que Heusermann "no puede dar una identificación positiva porque ella conoce sólo algunos rayos X de los dientes de Hitler" ("Dentist Says Russ Have Hitler's Jaw", Oakland Tribune, 6 de Mayo de 1948). De esa manera, el conocimiento que tenía Heusermann de los dientes de Hitler se derivaba únicamente de los rayos X y no de una experiencia personal. Ella, por lo tanto, bien pudo nunca haber ayudado al profesor Blaschke a trabajar en los dientes de Hitler seis veces entre 1944 y 1945, como ella dijo a sus interrogadores soviéticos, y sólo pudo haber reconocido las "señales de taladradora" que ella dijo al doctor Bruck por los rayos X que ella había estudiado. Heusermann por lo tanto no tenía ningún modo de saber si los rayos X representaban exactamente la condición de la boca de Hitler o la de alguien más.

     Una vez que comprendí que Heusermann había mentido en cuanto a haber trabajado en los dientes de Hitler, también comencé a dudar de la afirmación de Heusermann de haber trabajado también en los dientes de Eva Hitler y muchos nacionalsocialistas principales. Según el testimonio que ella dio a los soviéticos, ella había trabajado en el consultorio dental de la Cancillería del Reich a partir de Diciembre de 1944 hasta el 20 de Abril de 1945. Ella afirmó específicamente haber ayudado al profesor Blaschke a extraer un diente de Eva Hitler en Abril de 1945. Sin embargo, a pesar del período relativamente largo implicado —alrededor de cuatro meses— no he encontrado ningún dato que confirme su presencia en el consultorio de la Cancillería del Reich, aparte del contacto ya mencionado entre Heusermann y Echtmann, que no demuestra que ella realmente trabajó allí. (Dado que Echtmann pudo haber sido un participante en las mismas intrigas que Heusermann, sus pruebas están lejos de ser decisivas).

     Durante el período entre el 20 de Abril y el 2 de Mayo de 1945 se supone también que Heusermann permaneció en la Cancillería. El doctor Bruck dijo a los reporteros que por motivos de seguridad ella había permanecido en la Cancillería "en los últimos días de Berlín" (Winnipeg Free Press, 3 de Mayo de 1946, p. 7). Es raro, entonces, que ella no fuera mencionada por el doctor Helmut Kunz, que se hizo cargo, tras el profesor Blaschke, del consultorio de la Cancillería el 23 de Abril. (El doctor Kunz al parecer no tenía ningún ayudante en absoluto). Mi conclusión es que Frau Heusermann probablemente no era nada más que una oportunista, alguien que procuró obtener algún beneficio del conocimiento de los registros dentales que ella había conseguido en 1944 (¿1945?) mientras trabajaba para el profesor Blaschke. Para ese objetivo, Heusermann parece haber reclutado al doctor Bruck.

     Según el propio doctor Bruck, él renovó sus relaciones con Heusermann el 4 de Mayo, cuando él la localizó en la Pariserstrasse. Parece probable que ese día ella se confió en él y le explicó cómo había disfrutado del acceso a los archivos dentales de Hitler. Está claro por qué el doctor Bruck, a pesar de ser judío, era un participante deliberado en las intrigas dentales que rodearon a los presuntos cadáveres de Adolf y Eva Hitler.

     Aunque el doctor Bruck había estado viviendo de manera clandestina en Berlín desde Octubre de 1942 —y estaba supuestamente en condición de indigencia cuando los soviéticos entraron en Steglitz (el barrio de la ciudad en el cual él había estado escondiéndose) el 26 de Abril de 1945— él fue colocado por Heusermann en condición de hacerse cargo del consultorio del profesor Blashke menos de una semana después de que ellos habían renovado su asociación. Ése fue un verdadero hecho decisivo, ya que el consultorio estaba localizado en la calle más de moda de Berlín.

     La relación previa del doctor Bruck con Heusermann ofrece la única explicación plausible de ese amistoso arreglo. Heusermann había trabajado para el doctor Bruck cuando él era un dentista de escuela en la ciudad natal de ella en Liegnitz (Silesia) a mediados de los años '30. Ella se trasladó a Berlín en Abril de 1937 para trabajar para el profesor Blaschke. Es posible que, sabiendo Blaschke que probablemente él nunca volvería, el profesor haya dado a Heusermann los derechos al consultorio después de que él dejó Berlín el 20 de Abril; de ser así, ella pudo haber considerado una buena idea asegurar su derecho a la consulta en la nueva época post-nacionalsocialismo colocándola al cuidado de un dentista judío que ella conocía y en el que confiaba.

     Lo que refuerza la probabilidad de que ese escenario concuerde con los hechos es la evidencia de que el doctor Bruck estaba conscientemente desempeñando un papel en un fraude para certificar los supuestos restos del Führer y su esposa.

     —Primero, fue el doctor Bruck quien habló a los investigadores soviéticos acerca de Heusermann y Echtmann. Habiendo establecido el 4 de Mayo dónde vivía ella, él estaba en condición de conducirlos directamente a ella cuando ellos llegaron al consultorio de la avenida Kurfuerstendamm el 9 de Mayo, ya que por aquella fecha el doctor Bruck ya se había hecho cargo del consultorio y se había trasladado al departamento anexo a él (Lutze, 2006). Fue obviamente muy conveniente para los soviéticos que el doctor Bruck estuviera presente para encontrarlos cuando ellos llegaron. Si el consultorio hubiera estado abandonado totalmente, los soviéticos habrían tenido muchísimos más problemas para ubicar a alguien que aparentemente poseyera la competencia necesaria para evaluar la presunta evidencia dental de Hitler. Las cosas no pudieron haber sido hechas un poco más fáciles para ellos.

     —Segundo, hay un desconcertante caso de conocimiento previo. Cuando los investigadores soviéticos llegaron al consultorio, el doctor Bruck parecía saber por qué ellos habían ido. Él les preguntó si ellos estaban buscando identificar algunos "fragmentos" que ellos habían encontrado [31]. Si bien no se habría requerido mucha inteligencia para adivinar que ellos procuraban identificar un cadáver, el uso de Bruck de la palabra Fragmente —que tiene el exacto mismo sentido en alemán que en inglés (es decir, fragmentos)— parece un desliz. Lo que es a veces referido como el maxilar de Hitler (es decir, en singular) es realmente una colección de cuatro fragmentos. El doctor Bruck debe haber sabido de antemano que no se trataba de identificar un conjunto de dientes intactos. Aquello fue un lapsus involuntario que implicaba la participación en una conspiración para engañar a los soviéticos.

[31] Bruck recordó: "Cuando pregunté si los documentos que ellos estaban buscando eran para identificar alguna especie de fragmentos que habían sido descubiertos, el teniente primero puso una cara de profunda contrariedad y puso su dedo índice sobre su boca, de lo cual deduje que mi conjetura había estado en la pista correcta" (Lutze, 2006).

     —Tercero, está el hecho asombroso de que el doctor Bruck fue la primera persona que reveló a reporteros occidentales que los soviéticos habían pedido a Heusermann que identificara los dientes que ellos suponían que eran de Hitler. Después de que Heusermann y Echtmann desaparecieron en las prisiones soviéticas a mediados de Mayo de 1945, el doctor Bruck nunca dejó de tratar de pasar información al Oeste que confirmaba las sospechas occidentales de que los soviéticos habían encontrado el cuerpo de Hitler. El 5 de Julio de 1945, dos días después de que a los Aliados occidentales se les permitió entrar en Berlín, el doctor Bruck comenzó a sondear a reporteros extranjeros para preguntar si ellos sabían algo sobre el destino de Heusermann.

     Aunque no haya ninguna razón para dudar de que él sintió una genuina preocupación por su propia seguridad, el doctor Bruck tuvo la oportunidad, a partir de tales contactos con reporteros extranjeros, de asegurarse de que la información que los soviéticos habían obtenido de Heusermann, pero que había sido retenida, llegara por fin al Oeste. El 9 de Julio se publicó un artículo de William Forrest en el British News Chronicle que incorporaba la información que el doctor Bruck había dado a Forrest el 7 de Julio (Lutze, 2006). El doctor Bruck obviamente quiso asegurarse de que la información de Heusermann entrara en circulación, les gustara o no a los soviéticos.

     —Cuarto, en 1947 el doctor Bruck fue casi detenido por los soviéticos. En ese entonces, los estadounidenses le advirtieron que los soviéticos habían decidido arrestarlo. Si él no hubiera sido advertido a tiempo, los rusos seguramente habrían tenido éxito y el doctor Bruck se habría unido a Heusermann y Echtmann en el cautiverio soviético. En vez de eso, el doctor Fedor Bruck emigró a Estados Unidos, y en 1952 adquirió la ciudadanía estadounidense. (Él pasó los últimos 30 años de su vida viviendo en Nueva York bajo el nombre anglificado de Theodore Brook).

     La tesis que mejor explica dichos acontecimientos, por lo tanto, es que el 4 de Mayo el doctor Bruck llegó a un acuerdo con Heusermann para asegurarse de que los soviéticos creyeran que ellos habían encontrado los restos de Adolf y Eva Hitler. A cambio de servicios tales como asegurar que los soviéticos fueran capaces de localizar a Heusermann y Echtmann sin dificultad, el doctor Bruck parece haber sido recompensado con el consultorio del profesor Blaschke en la avenida Kurfuerstendamm. Cuando los soviéticos procuraron arrestarlo en 1947 —el mismo año que Heusermann y Echtmann fueron aparentemente interrogados de nuevo sobre sus afirmaciones— los estadounidenses intervinieron y le dieron refugio en Estados Unidos.

     Lo que salió mal del plan, yo sugeriría, es que estaba basado en el conocimiento de que Frau Heusermann sólo había hecho deducciones tras estudiar los registros dentales de Adolf y Eva Hitler (o, más probablemente, registros que ella había supuesto que eran los de Adolf y Eva Hitler). Es fácil ver cómo Heusermann podría haber sido animada a examinarlos. Todo lo que el profesor Blaschke tuvo que hacer fue dejar por ahí en su consultorio los registros y los rayos X de un hombre que había sido seleccionado para morir en lugar de Hitler para que Heusermann y Echtmann los inspeccionaran. Ellos no habrían tenido idea de que él había hecho eso con miras a engañarlos. En algún punto entre la fecha en que los rayos X fueron hechos —aparentemente ellos datan de Septiembre de 1944— y Abril de 1945, el hombre habría sido asesinado y su cuerpo almacenado para su uso cuando Berlín cayera. Los registros y los rayos X habrían sido destruídos entonces, un acto que habría reforzado la creencia de que los registros habían sido auténticos. Todo eso pudo haber sido hecho sin que Heusermann y Echtmann comprendieran que ellos estaban siendo usados.

     A pesar del despliegue de la intriga, hay un hecho que no puede ser negado: hasta donde cualquiera sabe, la única persona que sobrevivió a la guerra que de verdad poseía la maestría para identificar los dientes de Hitler era el propio profesor Blaschke.


Reconstruyendo la Verdad

     Habiendo llegado a una muralla de ladrillos con Heusermann y Echtmann, los soviéticos deben haber estado regocijados cuando en Julio de 1945 el profesor Blaschke apareció en un campo estadounidense para prisioneros de guerra prominentes. Ellos prontamente le enviaron un bolso que contenía todo el equipo necesario y ordenaron que él reconstruyera, tan perfectamente como su memoria se lo permitiera, el aspecto del maxilar de Hitler. El resultado, se nos dice, calzaba perfectamente con el maxilar que Heusermann había identificado como de Hitler.

     Pero si la evidencia del profesor Blaschke corroboró la identificación hecha por Heusermann, la prueba misma nunca ha sido publicada. Aunque los estadounidenses tenían al profesor Blaschke en sus manos desde Mayo de 1945, cuando él fue capturado, hasta finales de 1948, ellos nunca hicieron pública nada de la información que él compartió con ellos sobre los dientes de Hitler.

     El 5 de Febrero de 1946, por ejemplo, él fue interrogado por la Inteligencia militar estadounidense precisamente sobre ese asunto. Sin embargo, el informe basado en la entrevista de 1946 nunca fue publicado y permanece clasificado por el ministerio de Defensa estadounidense hasta hoy [32]. Considerando que hacia 1946 los estadounidenses estaban muy ansiosos por publicar cualquier información que sugiriera que los soviéticos realmente habían descubierto el cadáver de Hitler, debe tenerse presente la circunstancia de que, a sabiendas o no, el profesor Blaschke les había dado una información que contradecía esa posición.

[32] "United States Forces in the European Theater", Military Intelligence Service Center, Final Interrogation Report Nº 31 (O1-FIR Nº 31), "Hitler's Teeth" (7 págs. y anexos), 5 de Febrero de 1946. Una copia de ese documento se conserva en la William Russell Philp Collection, Hoover Institution Archives, Universidad de Stanford, California. Ronald Bulatoff, especialista de archivos en la Hoover Institution, recientemente escribió a un investigador australiano con el cual estoy en contacto, confirmando que el documento permanece bajo secreto oficial. De manera bastante extraña, Mark Benecke, un biólogo forense alemán, escribe en su sitio web (www.benecke.com):
     "Los informes del dentista de Hitler, Hugo Blaschke (que anteriormente había estudiado en Estados Unidos), y los de otros testigos, muestran claramente que los dientes que estaban en aquella pequeña caja de cigarros deben ser en realidad los del Führer".
     Si Benecke había tenido acceso a un reporte que permanece clasificado, eso sugiere que él está trabajando en conjunto con el Ejército estadounidense para mantener vivo el engaño. Es difícil ver alguna otra razón de por qué se le permitiría el acceso a un documento que el público general no tiene la posibilidad de examinar.

     Es también difícil sacar cualquier conclusión firme de una entrevista que el profesor Blaschke dio acerca del asunto de los dientes de Hitler mientras todavía estaba en cautiverio bajo los estadounidenses a principios de 1948. Aunque en esa ocasión el profesor Blaschke expresó su confianza en que los soviéticos realmente tenían el maxilar de Hitler, él hizo dos comentarios que sólo debilitaron esa opinión.

     Primero, como ya vimos, él declaró que Heusermann no estaba calificada para dar una "identificación positiva". Segundo, el profesor Blaschke desafió a los soviéticos a que le mostraran la mandíbula en cuestión: "¿Por qué no me muestran los rusos esa mandíbula? Sólo necesito darle una mirada y puedo declarar definitivamente si es o no la mandíbula de Hitler" (Oakland Tribune, 6 de Mayo de 1948). La única respuesta obvia a esa pregunta es que los soviéticos sabían que no se trataba realmente de la de Hitler [33].

[33] La versión de la Associated Press (AP) del mismo reporte evadió el problema de poner a la vista esta respuesta en la mente de los lectores al omitir el desafío del profesor Blaschke a los rusos. Véase "Russians Have Hitler's Jaw, Says Der Fuehrer's Dentist", Indiana Evening Gazette, 5 de Mayo de 1948.

     El profesor Blaschke puede incluso haber sido castigado por esas indiscreciones. Hacia fines de 1948, justo cuando los estadounidenses estaban a punto de liberarlo, el profesor Blaschke fue juzgado por un tribunal de "des-nazificación" alemán y condenado a tres años adicionales en prisión (Valley Morning Star, 17 de Sept. de 1948, sección 2, p. 5). Sospechosamente parecía que él estaba siendo castigado por más que sólo haber sido el dentista de Hitler.

     El profesor Blaschke fue liberado de prisión y practicó la odontología en Núremberg hasta que falleció en 1959. Él nunca dijo nada posteriormente sobre los dientes de Hitler. Su silencio con respecto al asunto parece casi inexplicable. La información derivada del profesor Blaschke está también claramente ausente en La Muerte de Hitler. Si fue la reconstrucción del profesor Blaschke del maxilar de Hitler la que ayudó a resolver la identificación de los presuntos restos de Hitler, no puede haber ninguna razón para omitirlo del volumen La Muerte de Hitler. En esas circunstancias parece altamente probable que la evidencia del profesor Blaschke sólo había confirmado lo que los soviéticos ya habían sospechado: que ellos habían sido llevados a creer otra cosa.

     Finalmente, existe un problema obvio en la idea de pensar que podría confiarse en que el profesor Blaschke estaba diciendo la verdad: si fue perpetrado un fraude para enmascarar la misteriosa salida de Hitler de la Historia, como yo sostengo, entonces el propio profesor Blaschke, que había sido el dentista de Hitler desde 1932, habría estado involucrado. Él sólo habría tenido que reproducir su propio trabajo en la boca de alguien que había sido seleccionado para morir en lugar de Hitler para llevar a cabo aquello.


La Inútil Búsqueda de los Soviéticos del Verdadero Cadáver de Hitler

     La evidencia de la que he hablado hasta ahora establece que durante los últimos días del Tercer Reich fueron llevadas a cabo múltiples cremaciones en los terrenos de la Cancillería del Reich delante de diversos testigos que habían sido persuadidos para creer que los cuerpos que ellos vieron siendo cremados eran los de Adolf y Eva Hitler. También parecería que Heusermann y Echtmann, los dos trabajadores dentales asociados con el dentista de Hitler, el profesor Blaschke, se engañaron a sí mismos al creer que ellos poseían la habilidad suficiente para identificar los restos humanos recuperado por los soviéticos como los de Adolf y Eva Hitler. El progreso de la investigación soviética fue tan rápido, sin embargo, que había comenzado a desbaratarse incluso antes de que los problemas que presentaba la evidencia de Heusermann y Echtmann pudieran haber sido detectados.

     Los problemas de los soviéticos comenzaron el 8 de Mayo —el día que fue llevada a cabo la autopsia de los supuestos restos de Hitler— cuando "un destrozado cuerpo lleno de balas de un hombre identificado como Hitler" fue encontrado en las ruinas del búnker (Globe and Mail, Toronto, 11 de Junio de 1945). Un corresponsal de guerra estadounidense, Joseph (Joe) W. Grigg, orgullosamente anunció desde Berlín que el cuerpo de Hitler casi ciertamente había sido encontrado. Grigg, sin embargo, fue pronto obligado a retractarse de su información. El 10 de Mayo él reportó que "cuatro cuerpos, ennegrecidos y carbonizados, que parecen corresponder al aspecto general de Hitler, han sido sacados de las ruinas (de la Cancillería)". Él observó que "ninguno ha sido identificado como siendo definitivamente el del Führer nacionalsocialista". Considerando que dentro de cinco días se habían encontrado seis cadáveres, cualquiera de los cuales podría haber sido el de Hitler, la conclusión de Grigg era apropiadamente pesimista: "Los rusos están comenzando a creer que ningún cuerpo que pudiera ser identificado sin ninguna sombra de duda como el de Adolf Hitler será ahora encontrado alguna vez" (Joe Grigg, "Berlin Ruins Yield Bodies", Hamilton Spectator, 10 de Mayo de 1945).

     No es un pequeño indicativo de las dificultades que los soviéticos experimentaron el hecho de que, un mes después de ser descubiertos, los cadáveres inicialmente tomados como los de Hitler y su esposa habían sido sepultados, exhumados y sepultados de nuevo no menos de tres veces. Ellos fueron primero sepultados en una localidad no revelada cerca de Berlín, luego exhumados y trasladados a Finov en la Unión Soviética, y luego exhumados y sepultados de nuevo en Rathenau, Alemania, el 3 de Junio de 1945. Tampoco sus viajes terminaron allí. Un mes más tarde, ellos fueron llevados a Friedrichshagen, Alemania, donde a uno de los guardaespaldas de Hitler, Harry Mengershausen, le pidieron que los mirara para objetivos de identificación. Sería difícil explicar ese macabro espectáculo viajero si los soviéticos hubieran estado seguros de que los cuerpos que ellos habían encontrado eran realmente los de la pareja Hitler.

     A principios de Junio, la escala sustancial del engaño se hizo evidente cuando fue revelado que el búnker había sido llenado con cuerpos de numerosos individuos vestidos con los pantalones de Hitler. El 9 de Junio, durante una rueda de prensa a la que asistieron reporteros británicos, estadounidenses, franceses y rusos, el comandante militar soviético mariscal Georgy K. Zhukov admitió que ellos no habían "encontrado ningún cadáver que pudiera ser el de Hitler". El comandante soviético de Berlín, coronel-general Nikolai E. Berzarin, explicó que los rusos habían "encontrado varios cuerpos de Hitler en la Cancillería del Reich con el nombre del Führer en su ropa... En la Cancillería de Hitler encontramos, de hecho, demasiados cuerpos con su nombre en la ropa. Resultó ser una burla. Cada vez que yo encontraba un par de pantalones, yo decía: Éstos son los de Hitler". Zhukov dijo a los reporteros que él ahora consideraba como una seria posibilidad el que Hitler había escapado de Berlín en avión. "Él pudo haber salido en el último momento, ya que había un aeródromo a su disposición", dijo él (Globe and Mail, 9 de Mayo de 1945).

Gustav Weler, doble de Hitler, muerto

      Sorprendentemente, uno de los cadáveres plantados pudo haber pertenecido al enemigo mortal de Hitler, el almirante Wilhelm Canaris, el deshonesto jefe de la Abwehr (Inteligencia militar alemana) que fue juzgado y condenado a muerte por complicidad en el complot de asesinato del 20 de Julio de 1944. En Diciembre de 1950 el ayudante de Canaris, Willy Jenke, dijo al escritor británico Ian Colvin que él acababa de recibir información fresca sobre el destino de Canaris de parte de un antiguo conocido, Johannes Toeppen, que había sido el director de contabilidad de la Abwehr. Toeppen dijo a Jenke que "Canaris fue visto en Berlín alrededor del 20 de Abril (de 1945) con una cercana escolta y... que a él le dijeron posteriormente que el almirante había sido fusilado y sepultado en un cráter de bomba el 23 de Abril en un momento en que Hitler estaba ordenando algunas de las últimas ejecuciones" (Ian Colvin, Chief of Intelligence, Londres, 1951, p. 214). Sería increíblemente irónico si el cadáver masculino al que los soviéticos realizaron una autopsia el 8 de Mayo de 1945 realmente hubiera sido el del almirante Canaris.

     Hacia Junio de 1945 los soviéticos pudieron estar prácticamente seguros de que ellos no habían encontrado el cadáver de Hitler. Desde aquel punto en adelante, sin embargo, más bien que reconocer la perspectiva de que el cuerpo de Hitler bien podría ser nunca encontrado, Stalin respaldó la idea de que Hitler había escapado del búnker. Mientras asistía a la Conferencia de Potsdam en Berlín en Julio de 1945, durante conversaciones con el ministro de Asuntos Exteriores estadounidense James F. Byrnes y el almirante William D. Leahy, presidente de los Jefes de Estado Mayor Conjunto estadounidenses, Stalin expresó su firme convicción de que Hitler todavía estaba vivo. De hecho, en Agosto de 1945 él acusó a los británicos de "ocultar al verdadero y vivo Adolf Hitler en su sector de Berlín" [34].

[34] Fred C. McKenzie, The Greatest Illusion: The Death (?) of Adolf Hitler, 1995, citado en www.blackraiser.com/nredoubt/identity.htm


Los Orígenes de la Leyenda del Suicidio

     Durante la última semana de Abril y los primeros días de Mayo de 1945, el mundo estuvo bajo una considerable incertidumbre en cuanto al paradero de Hitler. Los informes de que Hitler había ido a Berlín para conducir la defensa de la ciudad fueron descartados como propaganda. Entre los numerosos reportes publicados acerca de ese asunto, varios afirmaron que Hitler ya estaba muerto. El primero de tales informes vino de un "alto diplomático" que había alcanzado la seguridad en Suiza; el 28 de Abril, él dijo que Hitler y Goebbels habían sido fusilados tres días antes (Toronto Daily Star, 28 de Abril de 1945). Al día siguiente, los periódicos reportaron que según una "alta fuente británica" Himmler había hecho envenenar a Hitler (Nevada State Journal, 29 de Abril de 1945).

     La primera declaración oficial acerca del destino de Hitler llegó a las 10:27 PM del 1º de Mayo de 1945, cuando el almirante Karl Doenitz declaró en la radio de Hamburgo que Hitler había "caído en su puesto de mando en la Cancillería del Reich luchando hasta el último aliento contra el bolchevismo y en favor de Alemania". Hasta que ellos se enteraron de esa emisión, los Aliados aparentemente no habían sabido que Hitler estaba muerto. Pero los británicos aceptaron la idea con entusiasmo. «El Ministerio de Asuntos Exteriores asumió la opinión de que era "extremadamente improbable" que la muerte de Hitler hubiese sido anunciada por los alemanes si realmente no hubiera ocurrido, dijo el comentarista [anónimo del Ministerio de Asuntos Exteriores]» (Hamilton Spectator, 2 de Mayo de 1945).

     Mientras la certeza de los medios británicos de comunicación marcó las pautas para otros países en el Imperio, como Canadá y Australia, el escepticismo era extendido en Estados Unidos. Un editorial del New York Times advirtió:

     "Los nacionalsocialistas han hecho de las mentiras una gran parte de su política, y los informes sobre supuestos dobles de Hitler han sido tan ampliamente difundidos, que esos anuncios están obligados a dejar asentado en muchas mentes que el mentiroso maestro está intentando perpetrar un último gran engaño sobre el mundo, en un esfuerzo para salvarse a sí mismo, y quizá preparar el camino para su retorno en un tiempo posterior y más prometedor" (New York Times, 2 de Mayo de 1945).

     La Prensa Republicana de Salamanca escribió en el mismo estilo:

     "La radio alemana es una criatura del régimen nacionalsocialista, y uno de los principios nacionalsocialistas es que la mentira no es sólo permisible sino digna de elogio si lleva adelante objetivos nacionalsocialistas. Algunos de los anuncios tales como éste serían una natural estratagema si Hitler decidiera hacer lo que se ha reportado, que él ha planeado desaparecer y pasar a la clandestinidad, para planificar crímenes posteriormente" (Salamanca Republican-Press, 2 de Mayo de 1945).

     En su columna de guerra publicada en la misma página, DeWitt Mackenzie afirmó:

     "La historia de la muerte de Hitler es casi demasiado buena para ser verdad, y ciertamente no puede ser aceptada hasta que la prueba esté disponible, porque hay una posibilidad muy fuerte de un engaño" (Salamanca Republican-Press, 2 de Mayo de 1945).

     Una encuesta Gallup posteriormente estableció que el 68% de los encuestados ponía en duda que Hitler estuviera realmente muerto [35]. Sin embargo, la pregunta de si Hitler estaba realmente muerto fue eclipsada al instante por la pregunta de cómo él había muerto. Esta vez, el New York Times estuvo en el extremo menos escéptico del espectro, afirmando en su columna editorial que "no parece haber ninguna buena razón para dudar de que Hitler... murió como el anuncio [alemán] dice que él lo hizo" (New York Times, 2 de Mayo de 1945). El editorial planteaba el persuasivo punto de que tal muerte habría ayudado a "perpetuar la leyenda que formaba el núcleo de la propaganda nacionalsocialista y por la cual [Hitler] subió al poder: la leyenda de que él y los nacionalsocialistas eran brillantes caballeros con armadura que luchaban por la civilización europea contra el bolchevismo, hasta su último aliento".

[35] Michael Beschloss, The Conquerors: Roosevelt, Truman and the Destruction of Hitler's Germany, 1941–1945, Nueva York, 2002, p. 226

     En el otro extremo, un portavoz del ministerio británico de Asuntos Exteriores descartó como "el más completo absurdo" (Hamilton Spectator, 2 de Mayo de 1945) la idea de que Hitler había caído luchando. Para apoyar esa conclusión, el portavoz reveló que varios días antes "se dijo que Himmler había dado la información de que Hitler probablemente moriría dentro de 48 horas" [36]. Él había dado esa información a un contacto sueco, el conde Folke Bernadotte, el cual más tarde afirmó que en esa ocasión Himmler le había dicho que él planeaba crear «una leyenda de Hitler que, después de la caída del Tercer Reich, jugaría el mismo rol que la frase "la puñalada por la espalda" después de la paz de Versalles» [37].

[36] Globe and Mail, 2 de Mayo de 1945; Hamilton Spectator, 2 de Mayo de 1945.
[37] Conde Folke Bernadotte, "Accounts of Fuehrer's Last Heroic Fight Are Pure Myth", Hamilton Spectator, 5 de Sept. de 1945.

     Si Himmler realmente hubiera dicho eso, Bernadotte debe haber transmitido la información a los Aliados muy rápidamente, ya que, incluso antes de que alguien pudiera estar seguro de que Hitler estaba muerto, la prioridad había cambiado a la insistencia en que Hitler "había encontrado la muerte en una manera que frustraría cualquier tentativa nacionalsocialista radical de construír una leyenda Wagneriana sobre él" (Hamilton Spectator, 3 de Mayo de 1945). De manera intrigante, un reporte de la Associated Press de Londres que fue publicado en el Toronto Globe and Mail el 2 de Mayo de 1945 sostenía que la afirmación de Doenitz de que Hitler había muerto como un héroe había sido condenada por una "voz fantasma":

     «Doenitz elogió a Hitler como un hombre que había dedicado su vida a Alemania y a combatir contra el "bolchevismo", y el cual ahora había muerto la "muerte de un héroe". Una poderosa voz fantasma lo interrumpió, gritando: "¡Eso es una mentira!". La voz fantasma siguió interrumpiendo durante todo el discurso de Doenitz» (Globe and Mail, 2 de Mayo de 1945).

     Si ese reporte de una "voz fantasma" es verdadero o no, muestra que el ministerio de Asuntos Exteriores desde el principio estaba ansioso por poner en duda las afirmaciones de que Hitler había muerto a consecuencia de la acción enemiga. Al día siguiente, el 3 de Mayo, probablemente a petición de su consejero político, John Wheeler-Bennett del Instituto Real de Asuntos Internacionales (el equivalente británico del estadounidense Consejo de Relaciones Exteriores), el general estadounidense Dwight D. Eisenhower puso su considerable prestigio detrás de lo que pareció entonces ser la mejor teoría alternativa del fallecimiento de Hitler.

     Eisenhower respaldó la declaración del ministerio de Asuntos Exteriores, explicando que temprano durante la mañana del 24 de Abril Himmler había dicho al conde Bernadotte que Hitler era "un hombre agonizante" y que el jefe de Inteligencia de Himmler, Walter Schellenberg, había dicho a Bernadotte que Hitler estaba "sufriendo de una hemorragia cerebral" [38]. Inicialmente, por lo tanto, los Aliados se inclinaron hacia la opinión de que Hitler había muerto de causas naturales, tomando en efecto la palabra de Himmler sobre la de Doenitz. Un anunciador de la BBC también dijo al mundo que Hitler había muerto de un ataque cerebral, información que había sido filtrada aquel mismo día en la conferencia de San Francisco por el ministro británico de Asuntos Exteriores, sir Anthony Eden (Toronto Telegram, 2 de Mayo de 1945).

[38] Drew Middleton, "Story of Hitler's Death as Hero Declared a Lie", Globe and Mail, 3 de Mayo de 1945. Sin embargo, probablemente vale la pena notar que, de acuerdo al propio relato de Bernadotte, Himmler le había dicho que "Hitler probablemente ya estaba muerto y que, de no estarlo, lo estaría dentro de los próximos días".

     Sin embargo, los Aliados no estaban simplemente predispuestos desde un comienzo contra cualquier relato del destino de Hitler que pudiera haber alimentado el entusiasmo de la resistencia nacionalsocialista clandestina, sino que también estaban inclinados a favorecer el relato más ignominioso posible. Así, la idea de que Hitler había muerto por causas naturales comenzó a ser desinflada tan pronto como surgió la evidencia de que Hitler no había estado con mala salud en absoluto. El 7 de Mayo el Baltimore Sun declaró que según el mayor Erwin Giesing (el médico especialista de Hitler en cerebro, oído, nariz y garganta, que lo había visto el 15 de Febrero de 1945), Hitler había estado "en una condición física excepcionalmente buena para un hombre de su edad" y ciertamente no había muerto de una hemorragia cerebral [39]. Informes que ponían agua fría sobre la teoría de que Hitler había estado enfermo y había muerto probablemente por causas naturales o que había sido sometido a una eutanasia, siguieron siendo publicados siempre que surgía la oportunidad [40].

[39] Lee McCardell, "Assert Hitler Almost Normal On February 15", Hamilton Spectator, 7 de Mayo de 1945
[40] Por ejemplo, el mariscal de campo Kesselring, quien había visto a Hitler a mediados de Abril cuando "él parecía de excelente salud"; Howard Cowan, "Kesselring Most Surprised Hitler Remained in Berlin", Hamilton Spectator, 10 de Mayo de 1945.

     Pero lo que realmente provocó la rápida desaparición de la teoría de la muerte natural fueron las revelaciones del miembro más importante del régimen que había sido capturado vivo hasta entonces: el doctor Hans Fritzsche.


     El doctor Fritzsche, ayudante de Goebbels en el ministerio de Propaganda y el principal propagandista radial de Alemania, fue detenido por los soviéticos el 2 de Mayo después de que él les había entregado formalmente la ciudad en una ceremonia en el Tiergarten (Zoológico). Durante la mañana siguiente, el 3 de Mayo, los soviéticos publicaron un comunicado que afirmaba que el doctor Fritzsche había hecho una declaración en la cual él sostenía que Hitler, el doctor Goebbels y el general Hans Krebs se habían suicidado todos en el búnker [41].

[41] Globe and Mail, 3 de Mayo de 1945; Hamilton Spectator, 3 de Mayo de 1945.

     Aunque los soviéticos eran debidamente escépticos —la radio estatal de Moscú sugirió que aquél era "otro truco fascista" diseñado para facilitar la fuga de Hitler— la historia del suicidio fue adoptada inmediatamente por la prensa occidental (Globe and Mail, 3 de Mayo de 1945). De manera desconcertante, hay pruebas de que el público fue pre-condicionado para aceptar la teoría del suicidio. Ya el 31 de Marzo de 1945 el Globe and Mail publicó un reportaje de la Canadian Press titulado "Se Espera que Hitler Se Suicide". Fechado en "Emmerich, 30 de Marzo", el artículo declaraba que un rumor era corriente entre las tropas alemanas en el sentido de que Hitler se suicidaría. En cualquier caso, la historia del suicidio era una inmensa bendición para la propaganda anglo-estadounidense, ya que el recurso de Hitler al suicidio podría ser usado para comunicar un mensaje sobre la naturaleza del propio nacionalsocialismo:

     «Cuando el periodista estadounidense William L. Shirer, que había estado viviendo como un corresponsal en Berlín hasta 1941, se enteró de la muerte de Hitler por suicidio en el búnker de la Cancillería del Reich el 30 de Abril de 1945, él declaró: "De hecho, yo siempre estuve seguro de que eso era lo que él quería hacer al final", viendo por lo tanto al Tercer Reich como un régimen en último término suicida» [42].

[42] Christian Goeschel, "Suicide at the End of the Third Reich", Journal of Contemporary History 2006; 41(1), p. 155.

     La teoría del suicidio era también un arma de guerra psicológica contra la población alemana. Para entender el impacto propagandístico de la leyenda del suicidio de Hitler sobre la mente alemana, es importante entender que, para muchos, si no la mayoría de los alemanes, la idea de que Hitler se había quitado la vida era profundamente repugnante ya que contradecía todo lo que ellos creyeron que él había apoyado. Cuando el general Krebs le dio las noticias, el general Helmuth Weidling recordó haber pensado: "Entonces hemos estado luchando durante cinco años y medio por alguien que se suicidó. Habiéndonos hecho entrar en este terrible desastre, él mismo eligió la salida fácil y nos abandonó para que nos defendiéramos a nosotros mismos" [43].

[43] V. K. Vinogradov et al. (eds), Hitler's Death: Russia's Last Great Secret from the Files of the KGB, Londres, 2005, p. 236.

     En el otro extremo de la jerarquía militar, Dieter Borkowski, de dieciséis años, que había estado entre los reclutas de la Juventud Hitleriana que lucharon para defender Berlín hasta el final, se sintió vaciado del deseo de vivir. "Esas palabras me hacen sentirme enfermo, como si tuviera que vomitar", escribió él. "Pienso que mi vida ya no tiene ningún sentido. ¿Para qué era esta batalla, para qué ocurrieron las muertes de tantas personas? La vida aparentemente ha perdido todo valor, ya que si Hitler se disparó a sí mismo, los rusos finalmente habrán ganado... ¿No ha traicionado entonces el Führer a su propio Volk después de todo?" [44]. La leyenda del suicidio fue por lo tanto usada para desacreditar a Hitler a los ojos de sus propios seguidores y para sofocar su impulso de resistir a la ocupación extranjera.

[44] Citado en Omer Bartov, Soldiers, Nazis, and War in the Third Reich, Nueva York, 1991, p. 110.

     Había tanta prisa por adjudicar a Hitler lo que se pensaba que era un final apropiado, que pocas personas se detuvieron a hacer preguntas obvias, tales como de qué manera el doctor Fritzsche sabía que Hitler se había suicidado, si los soviéticos pudieron haberlo presionado para que dijera eso, o si la historia del suicidio pudo haber sido una historia que encubrió la fuga de Hitler. Considerando el status del doctor Fritzsche como el hombre más importante en el ministerio de Propaganda después del doctor Goebbels, es evidente que nada de lo que él dijo a los soviéticos inmediatamente después de que el régimen colapsó puede ser considerado como libre de la posibilidad de ser un engaño propagandístico. Sin embargo, en Londres y Washington, donde durante toda la guerra existió la opinión de que los nacionalsocialistas eran desmesurados mentirosos, hubo un dramático cambio que se alejaba del escepticismo.

     La idea de que Hitler se había suicidado era tan atractiva que cualquier nacionalsocialista que afirmara saber que Hitler se había suicidado nunca arriesgaba que su veracidad fuera impugnada. Claramente, todos los nacionalsocialistas eran mentirosos, excepto aquellos que dijeron a los Aliados lo que ellos querían oír.


Operación Trevor-Roper

     El hecho de que el cadáver de Hitler aparentemente no había sido encontrado en Berlín causó una considerable consternación en la prensa occidental. Un editorial del Toronto Daily Star comentó ansiosamente el 18 de Julio:

     "Está llegando a ser evidente que la prueba indiscutible de la muerte de Hitler durante las pasadas diez semanas o en alguna fecha en el futuro próximo, si él todavía estuviera vivo, es muy deseable por razones psicológicas así como prácticas. A menos que su fallecimiento esté más allá de la discusión... el mundo está a punto de recibir una leyenda de Hitler potencialmente peligrosa. Ella podría llegar a convertirse en un arma psicológica para los esfuerzos de los líderes alemanes de eventualmente restaurar la auto-confianza y revivir la agresividad de este pueblo que durante tanto tiempo ha sido un intolerable perturbador de la paz internacional" [45].

[45] "To Destroy Hitler, Whether Man or Myth", Toronto Daily Star, 18 de Julio de 1945.

     En efecto, el título mismo del editorial, "Destruír a Hitler, Sea un Hombre o un Mito", implica que era considerado tan importante destruír a Hitler "el mito" como a Hitler "el hombre". A mediados de 1945 al público se le estaba pidiendo elegir entre un creciente número de historias de fuga y la teoría del suicidio. Considerando que las historias de una fuga eran extravagantes, si no a menudo evidentemente ridículas, al público le dio la impresión de que sólo la teoría del suicidio tenía alguna evidencia que la apoyara y merecía ser tomada en serio.

     La respuesta británica a las florecientes historias de la fuga de Hitler no tardó en llegar. En Septiembre de 1945 el general de brigada Dick White, comandante de la Oficina de Inteligencia en la zona británica de ocupación, comisionó al mayor Hugh Trevor-Roper, un joven historiador entrenado en Oxford que desde 1943 había supervisado el trabajo de la Sección de Inteligencia Radial (RIS) del Servicio Secreto de Inteligencia, para que investigara, al menos aparentemente, las circunstancias de la presunta muerte de Hitler. Ésa era la fase inicial de la fabricación por parte del establishment británico de una narrativa de los últimos días del Tercer Reich que finalizó rápidamente con Hitler "el mito".

Hugh Trevor-Roper

       Considerando que su única publicación previa era una biografía de un arzobispo inglés del siglo XVII, William Laud, y que él ni leía ni hablaba alemán, Trevor-Roper era una curiosa opción para tal tarea. Más aún, como el mundo vio en los años '80, él certificó la autenticidad de los espurios "Diarios de Hitler", aunque la tarea de determinar la autenticidad de un solo documento habría sido mucho más simple que la de establecer la verdad sobre el fallecimiento de Hitler.

     Durante los últimos tres meses de 1945, según la historia oficial, Trevor-Roper y un equipo de agentes de Inteligencia viajaron por Alemania, detectando e interrogando a sobrevivientes del búnker. Sin embargo, ese procedimiento no dio mucho fruto, probablemente porque la mayoría de los sobrevivientes fueron internados en prisiones y campos de concentración soviéticos. Además de descubrir el supuesto diario del ayudante de cámara de Hitler, Heinz Linge, Trevor-Roper consiguió sólo un golpe: conseguir entrevistas con Gerda Christian, que había sido una de las secretarias de Hitler, y con Else Krueger, que había sido secretaria de Bormann.

     Sorprendentemente, Trevor-Roper parece no haber entrevistado a ningún testigo que había caído en manos estadounidenses, lo que significa la mejor parte de aquellos que debían encontrarse fuera de las prisiones soviéticas. Parece que en vez de permitirle reunirse con ellos, los agentes de la Inteligencia estadounidense los entrevistaron y le pasaron copias de sus informes. En un caso particularmente flagrante, los estadounidenses proporcionaron a Trevor-Roper un testimonio parcialmente fabricado; en otro, ellos suministraron información que había sido obtenida en tales inusuales condiciones, lo cual, también, debe ser considerado sospechoso.

     El primer caso era el de la famosa aviadora alemana Hanna Reitsch. En una entrevista con Ron Laytner que ella autorizó que fuera publicada sólo después de su muerte, Reitsch declaró explícitamente que al menos parte del relato atribuído a ella en Los Últimos Días de Hitler había sido fabricada:

     «Cuando fui liberada por los estadounidenses leí el libro del historiador Trevor-Roper, "Los Últimos Días de Hitler". A través de todo el libro, como una línea roja, se menciona un informe de un testigo ocular, Hanna Reitsch, sobre los días finales en el búnker. Yo nunca dije eso. Nunca lo escribí. Nunca lo firmé. Eso fue algo que ellos inventaron. Hitler murió con total dignidad» [46].

[46] Ron Laytner, "The First Astronaut Was a Woman", Edit International, https://issuu.com/edit_international/docs/publication_hanna_reitsch

Hanna Reitsch

       Ese informe, fechado el 8 de Octubre de 1945, fue escrito por el interrogador de Reitsch, capitán Robert E. Work (División Aérea, Cuartel Central, Fuerzas de Estados Unidos en Austria, Unidad de Interrogación Aérea), y publicado por primera vez en el Public Opinion Quarterly en 1946-1947 [47].

[47] Robert E. Work, "Last Days in Hitler's Air Raid Shelter", Public Opinion Quarterly 1946–1947; 10(4), pp. 565-581. Una traducción diferente del mismo reporte está incluída en Hitler's Death, aunque sin el menor reconocimiento de que Reitsch lo hubiera repudiado.

     El segundo caso era el de la enfermera Erna Flegel. El 23 de Noviembre de 1945 varios agentes estadounidenses de Inteligencia sacaron a Flegel para una larga comida, el resultado de la cual fue una declaración de cinco páginas en inglés que es presentada como un resumen de la información que ella supuestamente proporcionó durante su "interrogatorio". Sin embargo, Flegel ni escribió la declaración ni la firmó [48]. De hecho, nada puede decirse que garantice ese documento porque, a pesar de haber sido desclasificado, los nombres de las personas responsables de él, incluyendo el nombre de la agencia para la cual ellos trabajaban, permanecen silenciados.

[48] El documento completo puede ser visto en
http://www.thesmokinggun.com/file/bunker-mentality-hitlers-final-days

     Si ese enfoque era el típico, entonces las principales fuentes de Trevor-Roper eran resúmenes de información que ya habían sido pre-digeridos para él por agentes estadounidenses de Inteligencia, implicando que las distorsiones y los intentos de resolver las inconsistencias probablemente nunca los conoceremos. Considerando que había pocos sobrevivientes del búnker en manos británicas y que Trevor-Roper no tuvo acceso a los sobrevivientes del búnker que estaban en manos soviéticas, su tarea básicamente parece haber sido la de la creación de una narrativa coherente a partir de la información que a él le estaba siendo entregada de a poco y que él no tenía ningún medio de evaluar.

     No hay ninguna razón para creer que la evidencia que llegó hasta Trevor-Roper lo hizo con el consentimiento activo de los testigos. Mi impresión es que en 1945 los nacionalsocialistas capturados eran un poco más que marionetas de sus captores Aliados; a ellos se les pudo haber hecho decir cualquier cosa que sus captores quisieran que ellos dijesen, y si ellos se hubieran opuesto no había nada que pudieran haber hecho al respecto de todos modos.

     Sorprendentemente, Trevor-Roper hizo públicas sus "conclusiones" menos de dos meses después de que él había comenzado a investigar el caso. En una conferencia de prensa el 1º de Noviembre de 1945 Trevor-Roper (quien permaneció anónimo en esa etapa y fue mencionado en la prensa simplemente como "un joven oficial de Inteligencia británico") presentó a los reporteros una declaración que consistía en poco más que una narrativa de aproximadamente la última semana de vida de Hitler. Dicha narrativa describía cómo Hitler se había suicidado, probablemente disparándose en la boca [49]. Aunque Trevor-Roper dijo a los reporteros que hasta entonces él había hablado con aproximadamente 20 testigos, la declaración no nombraba siquiera a uno solo de ellos.

[49] "Text of British Report Holding Hitler Ended His Life", New York Times, 1º de Nov. de 1945.

     Sin embargo, los reporteros probablemente dejaron la conferencia bajo la errónea impresión de que la versión de los últimos días de Hitler que él había proporcionado estaba respaldada por el testimonio de múltiples testigos. No obstante, él no había encontrado un solo nuevo testigo ocular de los acontecimientos críticos, que eran el suicidio y la cremación de Hitler; todo lo que él había hecho fue tomar el testimonio de Kempka como la verdad absoluta y descartar el de Hermann Karnau.

     La sección final de la declaración de Trevor-Roper rechazaba las teorías de que Hitler pudo haber escapado de Berlín. En esa sección, se hace deslumbrantemente obvio que su investigación había sido diseñada para conducir a conclusiones predeterminadas. Ahí nos enteramos, antes que nada, que Trevor-Roper supuso que el destino de Hitler había sido completamente determinado por contingencias de último momento. Según esa línea de razonamiento, Hitler no pudo haber escapado de la Cancillería porque tal o cual ruta de escape había sido imposibilitada (o al menos dificultada, lo que para Trevor-Roper parecía significar lo mismo).

     Trevor-Roper circunscribió las posibilidades de salida de Hitler por medio de generalizaciones que son todas extremadamente cuestionables. Él escribió, por ejemplo, que habría sido imposible para Hitler haber volado desde Berlín porque sus "dos pilotos" permanecieron en el búnker y "participaron en un intento de escape durante la noche del 1º de Mayo" (Ibid.). Todo eso está muy bien mientras usted presuponga que Hitler nunca habría permitido que nadie más lo sacara de Berlín por avión, o que uno de los pilotos pudo haber dejado el búnker y haber vuelto a él después.

     Trevor-Roper limitó su discusión de las posibilidades de fuga de Hitler a aviones y automóviles. Sin embargo, en Enero de 1946 el general Helmuth Weidling, que fue internado en un campo soviético para prisioneros, proporcionó una extensa declaración a los soviéticos en la cual admitió que él se había vuelto escéptico con respecto a la teoría del suicidio. Él había meditado sobre el problema de las posibilidades de fuga de Hitler y concluyó:

     "Durante la noche del 29 al 30 de Abril hubo todavía oportunidades de marcharse, por medio de la estación de metro del Zoológico en Berlín occidental, y a través de la estación Friedrichstrasse en el Norte. Uno podría haberse escapado relativamente sin peligro por los túneles subterráneos" (Hitler's Death, p. 238).

     ¿Podemos realmente creer que esa posibilidad nunca se le ocurrió a Trevor-Roper? Ya que es improbable que él no supiera que Berlín poseía un extenso sistema de ferrocarril subterráneo, parece que las únicas posibilidades de fuga en las que Trevor-Roper estuvo interesado en hablar eran aquellas que el podría haber excluído.

     Quizás el defecto más visible de Trevor-Roper era su prisa por descartar la posibilidad de que los testigos oculares pudieran haberse reunido para elaborar una historia coherente para encubrir la fuga de Hitler. En su informe, él comentó:

     "Se considera completamente imposible que las versiones de los diversos testigos oculares puedan representar una concertada historia falsa; ellos estaban demasiado ocupados planeando su propia seguridad para haber sido capaces o estado dispuestos a aprender una elaborada farsa, que ellos pudieran mantener todavía después de cinco meses de aislamiento uno de otros, y bajo un interrogatorio detallado y persistente" [50].

[50] "Text of British Report Holding Hitler Ended His Life", New York Times, 1º de Nov. de 1945.

     Ese argumento tiene tanto sentido como afirmar que no puede haber tal cosa como una orquesta porque no hay ninguna forma de que un gran número de gente pudiera ejecutar al mismo tiempo alguna vez una compleja pieza musical, como una sinfonía. En cualquier caso, la "farsa" era difícilmente así de "elaborada". Como ya vimos, hay muchas diferencias significativas entre los recuerdos de los diversos testigos oculares. La orquesta SS estaba tocando la misma melodía, desde luego, pero no siempre en la misma tonalidad.


Kempka Desenredado

     La Operación Trevor-Roper es mejor vista, por lo tanto, no como una investigación de buena fe acerca del destino de Hitler sino como la etapa principal en el plan británico para consagrar la propaganda anti-nacionalsocialista como un hecho histórico. Como ya vimos, los primeros testigos oculares que recibieron publicidad fueron el chofer de Hitler, Erich Kempka, y el guardaespaldas de la RSD Hermann Karnau. Después de que la veracidad de Kempka fue puesta en duda por las afirmaciones de Karnau, la historia de este último prácticamente desapareció y la historia de Kempka fue alabada como la más autorizativa.

     En efecto, la evidencia proporcionada por Kempka no sólo se convirtió en la base del libro de Trevor-Roper sino que Kempka también fue respaldado en Núremberg como la única fuente de información confiable acerca del fallecimiento de Hitler. La razón primaria de que la historia de Kempka ganara una recepción tan positiva de parte de las autoridades anglo-estadounidenses era que Kempka era la única fuente de evidencias que parecía apoyar la teoría del suicidio (Karnau simplemente se refirió a la incineración que él había presenciado). Kempka también contradijo las afirmaciones soviéticas de que Hitler podría haber escapado. En el registro de su entrevista del 4 de Julio de 1945 él declaró:

     "[Con una] declaración que supuestamente había sido hecha por el mariscal ruso Sukhov en cuanto a que Hitler y Eva Braun podrían haber escapado del área de Berlín por avión, no puedo estar de acuerdo. El 30 de Abril de 1945 y los dos o tres días previos, nadie probablemente podría haber abandonado las partes interiores de Berlín por avión. Había fuego de artillería pesada en todas las partes interiores de Berlín durante aquellos días. Tampoco escuché hablar sobre un avión llegando o saliendo después del 25 ó 26 de Abril de 1945" [51].

[51] http://www.nizkor.org/ftp.cgi/imt/nca/nca-06/nca-06-3735-ps

     Desafortunadamente para Kempka, uno de los acontecimientos mejor atestiguados de los últimos días del Tercer Reich es el de un vuelo pilotado por el general Robert Ritter von Greim y Hanna Reitsch, que llegó a Berlín durante la mañana del 26 de Abril. Ambos salieron de Berlín en las primeras horas del 29 de Abril. La propia Reitsch no sólo habló sobre los dos vuelos en numerosas ocasiones entre 1945 y su muerte en 1979 sino que también les dedicó un capítulo en su autobiografía Flying Is My Life (Fliegen, Mein Leben) [52]. Dado que la evidencia proporcionada por otras fuentes es bastante abundante para establecer que dichos vuelos realmente ocurrieron, hay algo muy sospechoso en la aseveración de Kempka de que ninguno de tales vuelos habría sido posible.

[52] Véase de Hanna Reitsch, "The Last Journey to Berlin", en Flying Is My Life, Nueva York, 1954, pp. 220-237. Los vuelos de Greim y Reitsch ni siquiera fueron los únicos vuelos hacia y desde Berlin central en ese período. En su libro, Reitsch se refiere a al menos otros dos.

Robert Ritter von Greim

     No hay ninguna razón para saltar a la conclusión, aunque es tentador hacerlo, de que Kempka debe haber mentido en cuanto a haber estado en la Cancillería durante los días finales del régimen. Él pudo haber estado temporalmente ausente del búnker en una misión. De ser así, él habría retornado hacia la tarde del 30 de Abril. Como ya vimos, diversos testigos oculares han proporcionado pruebas que establecen la presencia de Kempka en una cremación realizada en el jardín de la Cancillería alrededor de las 3:00 PM esa tarde. El SS-Hauptsturmführer Karl Schneider reconoció haber hablado con Kempka en el estacionamiento de la Cancillería durante la tarde del 1º de Mayo. Él dijo a los soviéticos el 19 de Mayo de 1945 que en esa ocasión Kempka le había dicho que Hitler estaba "supuestamente muerto" (Hitler's Death, p. 43).

     La explicación que mejor da cuenta de los acontecimientos, por lo tanto, es que Kempka procuró suprimir el conocimiento que él tenía de los dos vuelos. Cuando Kempka primero contó su historia a los estadounidenses en Junio de 1945, él no tenía ninguna razón para creer que ellos de alguna forma sabían algo sobre esos vuelos. Existe una muy buena razón por la cual Kempka no habría querido mencionar esos vuelos: la historia encubridora de que Greim voló a Berlín para recibir instrucciones de Hitler, quien acababa de nombrarlo como el nuevo jefe de la Luftwaffe es absurda. ¿Por qué Hitler, que estaba preocupado de que todos los demás abandonaran Berlín, querría que alguien fuera donde él?; ¿por qué habría estado tan ansioso por hablar con el jefe de una entidad casi inexistente?.


         La historia oficial no logra justificar el muy peligroso vuelo de Greim y Reitsch. Tampoco explica por qué el vuelo de ambos desde la base aérea de la Luftwaffe en Rechlin cerca de Berlín hacia el aeropuerto de Gatow en la periferia de Berlín fue acompañado por una escolta de 30 a 40 aviones-caza, es decir, la Luftwaffe existente prácticamente en su totalidad. Claramente, el vuelo tenía un objetivo más serio que el que hemos sido llevados a creer. Un escritor cree que Greim y Reitsch sacaron a Martin Bormann desde Berlín [53].

[53] Carter P. Hydrick, Critical Mass: The Real Story of the Birth of the Atomic Bomb and the Nuclear Age, 1998.

     Sin embargo, en un notable pasaje de sus memorias, el antiguo miembro de la Volkssturm [milicia nacional] Dieter H. B. Protsch relata un incidente que tuvo lugar en Berlín el 29 de Abril de 1945. Ese día, que resultó ser su cumpleaños número 13, en el curso de una búsqueda de comida para su familia, él tropezó con un sótano ocupado por varios hombres Waffen-SS que manejaban un equipo de radio, que le dieron pan y chocolate:

     «Después de hablar un poco sobre la familia, ellos de repente dejaron de hablar cuando el operador de radio levantó su mano para pedir silencio. El "Funker" (operador de radio), llevando puesto un audífono, comenzó a sonreír y declaró que "der Führer" consiguió su tardío regalo de cumpleaños. Él explicó posteriormente que él [Hitler] salió sin peligro de Berlín, conducido en avión por su piloto personal Hanna Reitsch, la mejor piloto de pruebas de Alemania. El informe declaró que ella volaba un pequeño monomotor, de dos o tres asientos, llamado "Fieseler Storch"» [54].

[54] Dieter H. B. Protsch, Be All You Can Be: From a Hitler Youth in WWII to a US Army Green Beret, Trafford Publishing, 2004, p. 32.

     Así, la verdad parece ser que, exactamente como afirmaron los soviéticos posteriormente, Hitler en efecto salió realmente de Berlín —más o menos alrededor del tiempo en que la historia oficial nos dice que él estaba todavía en el búnker dictando su Testamento Político— y que Erich Kempka sabía exactamente cuándo y cómo eso había ocurrido, pero ocultó esa información a los estadounidenses.

     Según Hanna Reitsch, el vuelo llegó a Rechlin aproximadamente a las 3:00 AM. Allí, declara ella, Greim asistió a una conferencia. Luego ella y Greim volaron —aparentemente utilizando un avión diferente— hacia Ploen, a una distancia de aproximadamente 650 kilómetros. Sus siguientes destinos fueron Dobbin, donde estaba el Mariscal de Campo Wilhelm Keitel [55], Luebeck, Ploen de nuevo ("para ver a Doenitz"), y finalmente Koeniggraetz, en Bohemia, ahora Hradec Králové en la República Checa (Reitsch, Flying Is My Life, pp. 235-236). Si suponemos, como creo que deberíamos hacerlo, que Hitler estuvo presente durante al menos la primera de esas varias etapas, podemos decir que en Rechlin el rastro se diluye.

[55] Keitel confirma en sus memorias, p. 261, que él estaba en Dobbin ese día, confirmando de esa manera la confiabilidad de Hanna Reitsch. Él agrega la notable información, que Reitsch no menciona, de que Himmler estaba en Dobbin también. Wilhelm Keitel, In The Service Of The Reich: The Memoirs of Field Marshal Keitel, Londres, 2003.

     Si Hitler abandonó Berlín con Greim y Reitsch, entonces eso explicaría la serie de extraños acontecimientos —el matrimonio con Eva Braun, la escritura del Testamento Político, las recurrentes iras— que han sido consagrados en la historia oficial como "los últimos días del Tercer Reich". Obviamente, los últimos días de Hitler en el búnker tenían que ser explicados, y entonces tuvo que ser inventada una sensacionalista serie de acontecimientos para rellenar el enorme hueco.

     En este ensayo no he tratado de resolver las muchas cuestiones planteadas por estos extraños episodios, por la obvia razón de que todos ellos dependen de una presunción subyacente: que Hitler se suicidó en el búnker, lo cual nos parece que hemos mostrado que es solamente una ficción de propaganda.–




Primera Parte
http://editorial-streicher.blogspot.com/2017/05/la-fabricacion-de-la-muerte-de-hitler-1.html


1 comentario:

  1. Si no se suicido,ni murio en Berlin.....Para que se escapo de Berlin y luego no seguir luchamdo?A caso es mas digno vivir de incognito en algun pais que quitarse la vida en solidaridad con todos los que la entragaron bajo su jefatura?Pienso que lo mas digno hubiese sido morir con las armas en la mano y luego ocultar el cadaver.Pero si no hay posibilidad,el suicidio es una opcion de lo mas honorable,y si no que se lo pregunten a los japoneses.De todas maneras es posible que Reischt llevase en su ultimo vuelo a un Hitler ya cadaver y que su afirmacion sobre la dignidad total de Hitler apunte a que efectivamente murio en alguna accion belica.

    ResponderEliminar